Historia de la tipografía

Para comprender la historia de la tipografía debemos hacer un viaje que nos llevará desde los orígenes de la escritura hasta los avances digitales que disfrutamos hoy.

Historia de la tipografía
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¿Cuándo empieza la historia de la tipografía?

La historia de la tipografía tiene su origen cuando se dispone de la capacidad de creación del papel. Las primeras impresiones, que surgen a partir de bloques de madera tallada, tenían como objetivo la producción de textos a través de la mecanización de tipos móviles.

A mediados del siglo XV, Johannes Gutenberg creó en Alemania la técnica para fabricar moldes de tipo que desde entonces se utilizarían para la impresión de letras. Creando composiciones con tipos móviles generaba un trabajo similar al de los escribas de la época. Fue así como imprimió la Biblia de 42 líneas, que estuvo vigente durante medio siglo. El éxito que tuvo la innovadora técnica de Gutenberg hizo que la impresión mediante tipos móviles se propagase en toda Europa. Fue así como pudo perfeccionarse su diseño de imprenta en varios países, sobretodo en Italia, donde se estableció la primera gran imprenta de la época. Allí utilizaron tipos móviles inspirados en la caligrafía humanista y carolingia, siendo el punto de partida de las tipografías romanas que utilizamos hoy en día.

A principios del siglo XVI el célebre Aldo Manuzio, que fundó la imprenta Aldina en Venecia, trabajó grabando diferentes tipos griegos, romanos, hebreros y las primeras itálicas para sus ediciones. A partir de su trabajo empieza lo que denominamos época de oro de la tipografía francesa. En toda Europa el auge de la tipografía se establece y empiezan a surgir grandes tipógrafos, como Claude Garamond, que contribuyó, entre otras cosas, con el tipo de letra que lleva su nombre, de gran legibilidad y elegancia, y que seguimos utilizando a día de hoy.

Historia de la tipografía: la era industrial

Dada la importancia que cobró la tipografía, en 1692 el rey Luis XIV ordenó la creación de un comité de eruditos para el diseño de un nuevo tipo creado bajo principios científicos. El resultado fue la familia tipográfica Jaugeon, racionalista, con letras que mantienen un eje vertical perfecto y serifas horizontales simétricas. Phillippe Grandjean fue quien grabó los punzones. La modificó inspirándose en un nuevo diseño itálico conocido como Romain du roi Louis XIV. Esta labor continuó hasta 1745, cuando le remplazaron Jean Alexandre y Louis-René Luce. Poco antes, Pierre Simon Founier, inició la estandarización del tamaño de las familias tipográficas al publicar su Primera Tabla de Proporciones, en 1737.

La mayoría de los trabajos más importantes del siglo XVIII representan un avance técnico: se mejoraron los tipos fundidos y en los ajustes entre ellos; la superficie del papel ya era más consistente y se generaron tintas de mayor calidad permitían una impresión de mucha más calidad. La revolución de la tipografía se vio fuertemente afectada por la Era Industrial, que supuso un cambio drástico en las artes gráficas. Las familias tipográficas de corte artístico y artesanal del pasado tuvieron con los tipos mecánicos, gruesos y rígidos, una fuerte competencia. La prensa los empezó a utilizar para los titulares de gran tamaño, capaces de llamar más la atención.

A partir del principio del siglo XIX otra innovación importante en el mundo de la tipografía fue la aparición de las tipos sans serif. Aunque ya se habían visto en un catálogo publicado por William Caslon en 1816, no causaron un fuerte impacto hasta bastante tiempo después. Al principio fueron criticadas por su simpleza, pero acabaron por imponerse gracias a su mejor legibilidad. Además, eran más sencillas de usar, especialmente para la prensa y demás impresiones de lectura masiva, que empezaron a abundar gracias a los adelantos de la época en el campo de la impresión. De las máquinas de aquella época, hay que destacar la Linotype, inventada por Ottmar Mergenthaler, y la Monotype, de Tolbert Lanston, en 1880.

La revolución tipográfica del siglo XX

Los avances tecnológicos siempre han afectado a la tipografía. Las innovaciones científicas, políticas y sociales de los años sesenta tuvieron un reflejo inmediato sobre el mundo de la tipografía. Sin embargo, lo que provocó realmente un antes y un después fue la aparición de los ordenadores, que cambiaron todo hasta nuestros días. La litografía offset hizo que los tipos de metal fundido desaparecieran de la circulación y la venta de los primeros Apple Macintosh, en 1982, mostraron un sistema operativo en los que se podían escoger diferentes tipos de letra para su aplicación en hojas de texto. Quizás una de las mayores revoluciones de la tipografía, ya que permitía que cualquier usuario tuviese una capacidad de elección impensable para los mejores tipógrafos especializados de tan sólo cincuenta años antes.

A partir de aquel momento, los ordenadores animaron a los diseñadores a pedir más y más tipos de letras para cubrir sus aspiraciones creativas y los nuevos programas de diseño profesionalizaron la tipografía digital. Es decir, mientras que los tipos metálicos llevaron décadas en imponerse, la revolución digital de la tipografía se impuso en poco más de una década. Y una vez se implementó la capacidad de navegar por internet, la tipografía ha pasado a un nuevo escenario, la web. Con todo esto, vemos que la historia de la tipografía no parece tener fin, y, por suerte, su repercusión continúa un avance imparable.

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